3 – El lenguaje en la composición

Apuntes del libro: “Fundamentos del proyecto gráfico” Germani-Fabris, ed. Don Bosco

El lenguaje

Cada signo, considerado aparte o en un conjunto compositivo, constituye por sí mismo una técnica de expresión y de comunicación. El signo es “ el punto de partida para el artista y el punto de llegada para el espectador”; “ una mancha fortuita puede evocar muchas cosas; los psicólogos lo saben perfectamente, por cuanto se han valido de esta posibilidad como objeto de estudio par lograr una mayor comprensión de la persona”.

El fruto de una actividad ejercida por el artista queda pasmado en la obra, donde el espectador lo descubrirá mediante evocaciones, representaciones o significados; en efecto, todo lo que se indica con un signo adquiere, por un proceso fundamental de objetivación, la capacidad de indicar lo que el individuo expresa acerca de cualquier cosa, real o fantástica.

Esta realidad deseada, obtenida y comunicada es precisamente lo que llamamos lenguaje.

Por consiguiente, apariencia y significado deben estar en continua relación entre sí, puesto que el contenido debe poder expresarse también a través de las formas visibles, sirviéndose incluso de los medios técnicos más dispares; por tanto, es necesario que un concepto preciso dirija cada pincelada, cada signo, cada elemento de comunicación.

Las notas empleadas por el compositor, gráfico o no, son todos los elementos preexistentes a la obra que hay que realizar, y con los que él obtendrá su composición. Sin embargo, para dar forma al contenido, el diseñador maneja y dosifica estos elementos para crear los ritmos deseados, atendiendo siempre a la funcionalidad de la técnica requerida.

La finalidad de la composición se resuelve, pues, en el lenguaje necesario e indispensable para transmitir el valor expresivo propio de cada obra. No obstante, el lenguaje queda como algo inherente e innato a la obra misma, siendo expresión y objetivación de una idea; nace con el signo y está ligado a su comprensión; evidentemente, la obra puede expresarse con un lenguaje claro y explícito, o bien, obscuro y hermético.

Puesto que, aun el signo más pequeño posee y comunica un significado, sería sumamente difícil, en un solo capítulo, hablar de cada una de las manifestaciones de dicho lenguaje. Enumeramos seguidamente sus cualidades expresivas más comunes y fundamentales en un breve compendio esquemático.

    

calma, grandeza, luz

    

agitación, expansión, insistencia

    

incisión, orden, tristeza

Ejemplos demostrativos para el estudio sobre el lenguaje de la composición.

Placidez, calma, reposo: armonía de dirección y de valores en el primer plano, variada suavemente por la gradación de las nubes.

Grandeza: la preponderancia de la masa de mayor valor- el cielo- contrasta con la medida precisa y solemne de toda la composición.

Luz, luminosidad: el valor tonal es de escala menor superior, subrayado por el contraste con la zona central.

Agitación explosiones, violencia, radiación: el movimiento excitante surge como una llamarada de la zona central. Las líneas fragmentadas permiten obtener armoniosamente un máximo de fuerza.

Desorden, confusión: los contrastes de dirección son evidentes; sin embargo, en una buena composición, una dirección o un punto debe predominar de manera que las demás direcciones queden en grados adecuados de subordinación.

Agresión: producida por la inclinación y el cruce de líneas y masas en contraste con una dirección dominante.

Expansión, evasión: las líneas se persiguen y reúnen implícitamente, más allá del límite de la composición.

Insistencia, permanencia, estatismo: las fuerzas poseen direcciones constantes, se dominan y anulan recíprocamente.

Incisión: el valor fuerte es el predominante, y el contraste con el ángulo que se introduce es afilado.

Nobleza: la forma contrastante queda atenuada por las oblicuas que convergen en el pie.

Orden: la percepción de perpendiculares sugiere orden desde el periodo clásico, y recuerda el arde griego.

Vigor: la base sostenida es de vigor decidido y fuerte en la escala mayor baja; rige el peso de las dos direcciones que apuntan sobre ella descendiendo.

División: el valor uniforme, los dos reclamos repitiéndose en valores opuestos y la repetición ordenada forman una unidad, a la que contribuye también el enlace de las horizontales.

Actividad: producida por el contraste de las líneas.

Tristeza: la masa negra oprime el espacio gris uniforme y, aun cuando las superficies son equivalentes, el valor negro es preponderante, pesa y amenaza.

Misterio: el valor oscuro atenaza y desgarra la tenue claridad que se filtra por el centro.

Maldad, perversidad: el valor oscuro dominante encuadra la composición y allí donde empieza a atenuarse, es súbitamente abrazado por la forma encarcelada entre las direcciones opuestas.

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